Evolución
LOS MINISTERIOS DE CIENCIA
Edición 2012 - Número 258
Maximiliano Corredor
(Artículo publicado originalmente en la bitácora Evolucionarios).
7 de abril de 2004. Tras una sorprendente victoria electoral, el nuevo presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anuncia la composición del Consejo de Ministros. El ministerio de Ciencia y Tecnología de Aznar desaparece. La palabra "ciencia" ni siquiera está presente en el título del ministerio que acoge las competencias de la política de investigación.
En los cuatro años de esta primera legislatura de Zapatero, el gasto en I+D se duplicó.
El anterior ministerio de Ciencia y Tecnología, creado por Aznar en el 2000, tenía de ciencia sólo el nombre. Era el ministerio de Industria, con mayores competencias tecnológicas ganadas a Fomento, y un simple lavado de cara. La secretaría de Estado de Investigación no pintaba nada en esta nueva casa, fue ignorada por completo. La etiqueta "ciencia" en el nombre era sólo eso, una etiqueta, una palabra escrita en la fachada para dar una imagen de modernidad sin que los gobernantes apostaran de verdad por la innovación como motor del desarrollo del país. El resultado es de sobra conocido, un crecimiento económico desbocado con pies de ladrillo y cemento mal cuajado.
Al volver a su vieja casa en el ministerio de Educación, sin embargo, la apuesta por hacer de la ciencia española una empresa puntera a nivel internacional fue asumida por el gobierno en su conjunto. No estaría en la fachada de ningún edificio, pero la secretaría de Estado de Investigación logró un apoyo sin precedentes.
En 2008 ocurren dos cosas. La primera, la creación del ministerio de Ciencia e Innovación, con Cristina Garmendia, investigadora y empresaria, al frente. Todo el mundo interpreta este paso como el fiel reflejo de la apuesta de Zapatero por cambiar el modelo productivo nacional, por cumplir el viejo sueño de alcanzar la media europea en gasto en I+D. Algunos incluso soñaban con alcanzar el compromiso de Lisboa.
La segunda cosa que ocurre en 2008 es el colapso del mundo financiero. La burbuja inmobiliaria estadounidense hunde bancos de inversión gigantescos que a su vez arrastran a la banca internacional al borde del precipicio. El crédito desaparece, aguja que termina pinchando la burbuja inmobiliaria española. El paro se desboca, la economía se detiene por completo.
En esta situación el flamante ministerio de Ciencia no tiene el poder suficiente para convencer al resto del gobierno de la necesidad de cumplir, ahora más que nunca, con el compromiso de apuesta decidida por la investigación como motor de la economía. Los investigadores, en solidaridad con el resto de la nación, deben apretarse también el cinturón, se dice. La correlación entre crecimiento de PIB e inversión en I+D es ignorada. La apuesta por la ciencia es una estrategia de crecimiento, sí, pero a medio plazo. Si no se traduce en beneficios inmediatos, no es prioritario cuando escasean los recursos. La mentalidad cortoplacista se impone a la altura de miras. Al final, el flamante ministerio de Ciencia es otra especie de burbuja, una brillante superficie llena de aire caliente.
21 de diciembre de 2011. Mariano Rajoy, designado sucesor de Aznar que perdió aquellas elecciones de 2004, acaba de ganarle al designado sucesor del que le ganó a él. En su Consejo de Ministros tampoco hay cabida para el ministerio de Ciencia e Innovación; tampoco aparece la palabra "ciencia" en la casa que acogerá las competencias, el ministerio de Economía y Competitividad.
Que la ciencia española tenga o no ministerio propio es irrelevante. Lo verdaderamente importante es que el que la defienda lo haga con convicción y, sobre todo, poder de persuasión. Por el ministerio de Industria, digo Ciencia y Tecnología, de Aznar pasaron tres ministros, a cuál más empeñado en ignorar a los investigadores. Esperemos que el nuevo ministro de Economía sí preste sus oídos al que elija como secretario de Estado de I+D+i y el sistema nacional de investigación coja fuelle a partir de 2012. Por la cuenta que nos trae a todos.
PD. Ciencia: Un mal ministerio es peor que una buena Secretaría de Estado, opinión de Víctor Ruiz que comparto plenamente. Él es optimista, opina que Luis de Guindos tendrá más fácil defender la ciencia ante Rajoy. Yo soy más cauto. Añadir intermediarios entre la boca de los investigadores y la oreja de Rajoy es peligroso. ¿Qué pasa si, como cuando se dependía de Industria (perdón de nuevo, Ciencia y Tecnología) es el ministro de Economía el que ignora a los que representan poco más del 1% de sus preocupaciones?
Como defiende José Manuel López Nicolás en El gran debate de investidura de la Ciencia: ¿Ministerio o Secretaría de Estado?, siempre será mejor un buen ministro que un buen secretario de Estado. Por no hablar del potencial peligro de que tengamos un mal secretario de Estado.
Completo la lista de lecturas interesantes sobre este tema con sendos artículos de Público (El secretario de Estado de I+D tendrá que actuar como "ministro de facto") y El País (¿Debe haber un ministerio de ciencia?).
URL: http://evolucionarios.blogalia.com/historias/70971
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LA MADRE "JURÁSICA" DE LOS MAMÍFEROS CON PLACENTA
Edición 2012 - Número 251
Rosa M. Tristán
(Noticia publicada originalmente en el diario El Mundo del S. XXI)
El esqueleto fosilizado de un pequeño animal, similar a una musaraña, que ha sido encontrado en el nordeste de China, viene a llenar un agujero en la historia de los mamíferos. Se trata del animal placentario más antiguo que se ha encontrado hasta ahora y vivió hace 165 millones de años, en el Jurásico, compartiendo el terreno con los gigantescos dinosaurios.
La especie, bautizada como 'Juramaia sinensis', la madre jurásica de China, atrasa la aparición de los mamíferos con placenta unos 35 millones de años, respecto a otros fósiles. Con esta nueva fecha cuadrarían mejor la información que se había obtenido con el ADN respecto al momento en el que los euterios (con placenta para el alimento del embrión en el interior del cuerpo) y los marsupiales (que llevan una bolsa exterior para las crías) se separaron en dos ramas evolutivas diferentes.
El fósil del 'Juramia sinensis', que tiene una conservación excepcional, como otros muchos encontrados en la provincia de Liaoning, tiene el aspecto de una pequeña musaraña. Se ha conservado su cráneo incompleto, buena parte del esqueleto e incluso la huella de tejidos suaves, como el pelo que cubría su cuerpo. Pero sobre todo conserva los dientes y las patas delanteras, por cuya morfología los expertos han podido establecer con claridad que es más un animal placentario que un marsupial, como los canguros.
Para uno de sus descubridores, el paleontólogo Zhe-Xi Luo, del Museo de Historia Natural de Carnegie, sin duda este roedor sería "la tatarabuela de todos los mamíferos placentarios que existen hoy en el planeta", entre ellos los seres humanos.
"Comprender el momento en el que aparecieron los placentarios es muy importante para el estudio de la evolución de los mamíferos", asegura Luo, consciente de que conocer la fecha en la que una especie ancestral se separa en dos ramas para dar lugar a linajes diferentes es uno de los datos más importantes para un científico que estudie la evolución.
De hecho, por ello se había buscado ese momento con métodos moleculares modernos, que sirven para calcular aproximadamente cuando dos especies divergieron, pero es este un reloj que necesita ser verificado, a ser posible con fósiles, algo que no resulta fácil.
Una nueva fase en la historia evolutiva
Esta es la razón por la que antes de que se encontrara a Juramaia, ese fecha de divergencia entre marsupiales y placentarios generaba polémica entre los expertos: el ADN indicaba que ese momento fue hace unos 160 millones de años, pero sin embargo el fósil de placentario más antiguo que se había encontrado era el de la especie Eomaia, que tiene 125 millones de años y fue descrita hace nueve años por el mismo Luo.
La pequeña especie de musaraña llena ese boquete, ayudando a fijar una nueva fase en la historia evolutiva.
Además, el esqueleto permite conocer cómo aquellos recién llegados placentarios pudieron sobrevivir en el Jurásico. Sus caderas se adaptaron perfectamente para subir a los árboles. Casi todos los mamíferos de aquella época vivieron solamente en tierra, por lo que los científicos argumentan que esa adaptación para escalar y subir a los árboles, explorando las ramas, pudo servirles para explorar un espacio que estaba sin ocupar, puesto que entonces no había aves.
"La divergencia de mamíferos euterios y marsupiales, que hizo aparecer la placenta y una nueva forma de reproducción, fue crucial en su éxito evolutivo, pero la adaptación al medio, que les permitió explorar los árboles, fue una característica que ayudó a su éxito", señala Luo.
De hecho, cuando los dinosaurios desaparecieron hace 65 millones de años, tras el posible impacto de un meteorito, fueron precisamente los mamíferos placentarios los que acabaron por triunfar sobre la Tierra. Sólo de una especie, la humana, este año se alcanzarán los 7.000 millones de ejemplares que empezó con una quasi-musaraña.
URL: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/08/24/ciencia/1314201345.html
¿PARA QUÉ?
Edición 2010 - Número 7 (240) - 3 de julio de 2010
Adela Torres Calatayud
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(Artículo publicado originalmente en la bitácora La Biblioteca de Babel)
El problema cuando hablas de evolución, cuando quieres explicar un concepto evolutivo a un público que no tiene por qué saberlo pero que está, o parece estar, interesado, es que el lenguaje tiene sujeto y predicado.
Es muy difícil hablar de evolución y no dar la sensación de intencionalidad. El otro día, en una cena la mar de agradable donde nos hinchamos a un riquísimo sushi, lo comentaba con un amigo que es profesor de secundaria.
-De lo que me he dado cuenta -decía, entre bocado y bocado de sushi de salmón- es de que tienes que tener un cuidado tremendo con cómo usas el lenguaje.
Y yo masticaba maki sushi, saboreando el arroz y la firme textura del alga nori, y asentía. Sé muy bien lo que quería decir.
Coged un titular, cualquier titular, por ejemplo este mismo, cogido al azar de una búsqueda en Google: "Los tibetanos desarrollan unos genes específicos para adaptarse a la altura". Lo que quiere decir el titular es que los mecanismos evolutivos de mutación (aleatorio) y selección natural (no aleatorio) han favorecido la presencia de unos genes que facilitan la reproducción diferencial de los pobladores de esa zona de la Tierra en concreto, en unas condiciones concretas. Pero claro, no queda tan mono.
Incluso en la frase de arriba yo he caído en esa teleología, esa búsqueda de sentido, esa atribución de intenciones y finalidades. "Genes que facilitan", he dicho. Quien sabe de esto me entiende, pero existe siempre el peligro de que la frase haga pensar a más de uno que un gen tiene voluntad o intenciones, o que ha sido puesto ahí por lo que nosotros llamamos voluntad, un agente consciente. No es así. Como tampoco han sido "los tibetanos" los que han desarrollado genes específicos como quien desarrolla úlceras. Una se imagina a los tibetanos en torno al fuego, tomando té con manteca de yak o lo que proceda en estos casos, desarrollando genes con paciencia oriental y pericia artesana.
Pero es que es muy difícil no hablar así, leñe... "El mamut lanudo evolucionó para adaptarse a las condiciones climáticas", "El equidna se adaptó a una vida crepuscular", "Los koalas desarrollaron la habilidad de digerir los venenosos brotes de eucalipto"...
En todos estos casos la tendencia es a imaginar una especie de comité de trabajo génico, con el ADN todo aovillado alrededor de una mesa, bajo los fluorescentes:
-A ver -dice un exón, que lógicamente lleva la voz cantante- , ¿cómo podemos obtener ventajas competitivas? Ya sé, vamos a hacer que podamos digerir los brotes de eucalipto.
-Pero si son venenosos -objeta una diana de restricción, cortita pero hiperactiva, apartando con aspavientos una nube de enzimas amorosas.
-Es eso o la extinción -sentencia un homeobox. Y todo el resto del genoma se pone, obedientemente, a hacer lo necesario para poder digerir brotes de eucalipto.
Ese es el error. Creer esta historia. Porque es bonita, y para nuestros cerebros primates, es lógica. Al fin y al cabo nosotros abordamos así muchas situaciones, y nos cuesta pensar en otras maneras de hacerlo.
En realidad los koalas son tontos. Y sus genes, también. Ningún koala se quedó mirando pensativo un brote de eucalipto , meditando algo como "Mmm, esto estaría bien poder digerirlo". A saber cuántos koalas estiraron la pata por masticar ensaladas de brotes de eucalipto. Pero (por puro azar) algunos de esos koalas llevaban una mutación que hacía que comer brotes de eucalipto no fuera tan letal como para otros. Quizá les doliera la tripa, pero podían comer, puede que en una época en que no hubiera gran cosa más. De modo que, con retortijones pero vivos, pudieron reproducirse, y con ellos el gen que aportaba la capacidad de comer brotes de eucalipto sin morirse mientras otros koalas caían a diestro y siniestro (esta es la parte de selección natural, lo opuesto al azar). Y entonces puede que la población estuviera formada por koalas con dolor de tripa, capaces de sobrevivir al veneno. Hasta que alguna otra mutación hizo disminuir el dolor de tripa, y esos koalas, más contentos y también más gordos, tuvieron más koalitas. Que a su vez criaron. El resto son matemáticas.
Quizá no sea tan rápido de captar, pero tiene la ventaja de ser cierto. De modo que me permito sugerir que los tibetanos no desarrollaron unos genes específicos para nada. Sí diré que los mecanismos por los que actúa la evolución posibilitaron que los tibetanos pudieran quedarse a vivir donde están ahora. Que sigue sin ser correcto del todo, pero es que si no ya el titular no sale ni p'atrás.
Y aquí paz, y después koalas.
URL: http://daurmith.blogalia.com/historias/66944
ESLABONITIS: SÍNTOMAS LEVES Y GRAVES
Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010
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p>El Paleofreak
(Artículo publicado originalmente en la bitácora El Paleofreak)
¿Cómo utilizan los medios la expresión "eslabón perdido" durante un episodio de lo que hemos venido llamando eslabonitis o, más vulgarmente, eslabonazo? Éste es un esbozo preliminárido, no pretende ser un análisis profundo o complétido.
* Hay medios que han abandonado totalmente el uso de esa expresión y emplean una terminología científica o divulgativa adecuada.
* Hay medios que la introducen de forma crítica, explicando que no corresponde a un concepto científicamente válido en la actualidad.
* Hay medios que emplean la expresión en forma negativa: "esta especie no era el eslabón perdido", pero de forma acrítica y sin rechazar la validez del concepto. Es decir, que ésta no, pero otra especie aún por descubrir sí podría ser el eslabón perdido.
* Finalmente están los medios que emplean la expresión en forma interrogativa o afirmativa, sugiriendo tanto la validez del concepto como la posibilidad de que, por fin, se haya zanjado científicamente el asunto del eslabón.
Pero además podríamos hacer otra división quizá más interesante, según el significado probable que se le da a la expresión:
En ciertos medios se utiliza el concepto clásico de eslabón perdido:
* Un fósil concreto que los científicos llevan mucho tiempo buscando
* Intermedio entre el simio y el hombre
* Científicamente muy importante, crucial
* Que constituye la prueba definitiva, o una prueba muy necesaria, para la "teoría de la evolución".
En otros medios se utiliza un concepto nuevo, un eslabón perdido redefinido:
* No hay un eslabón perdido, sino muchos, que se descubren constantemente
* Puede ser intermedio entre simio y hombre, entre pez y anfibio, entre mamífero cuadrúpedo y ballena, etc.
* Científicamente importantes, pero no cruciales.
* Permiten completar conocimientos al "llenar huecos", pero no son necesarios como pruebas de la evolución.
Este concepto nuevo equivaldría a grandes rasgos al de "fósil transicional" (expresión técnica de uso habitual en paleontología evolutiva). El problema es que utilizar "eslabón perdido" de esta forma sigue evocando ideas erróneas (la cadena en lugar del árbol evolutivo), aparte de que rara vez se entiende bien (como pasa también con "fósil transicional"). Debido a la persistencia del concepto clásico, ambos significados se combinan y al final lo que el lector tiene en la cabeza es probablemente una mezcla confusa de ambos.
