Escepticismo
ESLABONITIS: SÍNTOMAS LEVES Y GRAVES
Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010
<
p>El Paleofreak
(Artículo publicado originalmente en la bitácora El Paleofreak)
¿Cómo utilizan los medios la expresión "eslabón perdido" durante un episodio de lo que hemos venido llamando eslabonitis o, más vulgarmente, eslabonazo? Éste es un esbozo preliminárido, no pretende ser un análisis profundo o complétido.
* Hay medios que han abandonado totalmente el uso de esa expresión y emplean una terminología científica o divulgativa adecuada.
* Hay medios que la introducen de forma crítica, explicando que no corresponde a un concepto científicamente válido en la actualidad.
* Hay medios que emplean la expresión en forma negativa: "esta especie no era el eslabón perdido", pero de forma acrítica y sin rechazar la validez del concepto. Es decir, que ésta no, pero otra especie aún por descubrir sí podría ser el eslabón perdido.
* Finalmente están los medios que emplean la expresión en forma interrogativa o afirmativa, sugiriendo tanto la validez del concepto como la posibilidad de que, por fin, se haya zanjado científicamente el asunto del eslabón.
Pero además podríamos hacer otra división quizá más interesante, según el significado probable que se le da a la expresión:
En ciertos medios se utiliza el concepto clásico de eslabón perdido:
* Un fósil concreto que los científicos llevan mucho tiempo buscando
* Intermedio entre el simio y el hombre
* Científicamente muy importante, crucial
* Que constituye la prueba definitiva, o una prueba muy necesaria, para la "teoría de la evolución".
En otros medios se utiliza un concepto nuevo, un eslabón perdido redefinido:
* No hay un eslabón perdido, sino muchos, que se descubren constantemente
* Puede ser intermedio entre simio y hombre, entre pez y anfibio, entre mamífero cuadrúpedo y ballena, etc.
* Científicamente importantes, pero no cruciales.
* Permiten completar conocimientos al "llenar huecos", pero no son necesarios como pruebas de la evolución.
Este concepto nuevo equivaldría a grandes rasgos al de "fósil transicional" (expresión técnica de uso habitual en paleontología evolutiva). El problema es que utilizar "eslabón perdido" de esta forma sigue evocando ideas erróneas (la cadena en lugar del árbol evolutivo), aparte de que rara vez se entiende bien (como pasa también con "fósil transicional"). Debido a la persistencia del concepto clásico, ambos significados se combinan y al final lo que el lector tiene en la cabeza es probablemente una mezcla confusa de ambos.
PULSERAS DE LA MALA SUERTE
Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010
<
p>Jaime Rubio Hancock
(Artículo publicado originalmente en la bitácora La Decadencia del Ingenio)
Como no podía ser de otra forma y dado mi carácter débil e influenciable, yo también me he comprado una de estas pulseras holográficas con tecnología imantada y radiaciones ultravioleta gamma de baja densidad singular. Se trata de un trozo de goma al que han mirado fijamente diecisiete atletas de élite (alguno incluso de elite) enviando unas frecuencias electromagnéticas que le dan propiedades milagrosas: salto diecinueve centímetros más (tanto a lo alto como a lo largo), aguanto el equilibrio casi dos segundos antes de caer rodando escaleras abajo, puedo beber dos cervezas más, antes de que se me trabe la lengua, soy capaz de correr más rápido, con lo que me da mucha más rabia que se me escape el autobús (lo rozo con la yema de los dedos), y además soy mucho más flexible: me toco la punta de los pies con los dedos. Con los dedos del otro pie. Antes no podía.
Pero no todo son ventajas. Estas malditas pulseras facilitan proezas físicas como las ya mencionadas, pero tienen un defecto: traen mala suerte. Se trata del clásico efecto compensador, también llamado "¿tú qué te crees, que lo puedes tener todo? ¿Quién te piensas que eres? ¿Flavio Briatore?" En definitiva: hay pulseras que traen buena suerte, pero no proporcionan ninguna mejora física, mientras que éstas te convierten prácticamente en un atleta profesional, pero también en un gafe de mucho cuidado.
Nada más comprarla, por ejemplo, se me cayó la caja registradora de la tienda sobre el pie izquierdo. Si la hubiera llevado puesta (la pulsera, no la registradora), hubiera sido capaz de esquivarla, pero ah, el destino es así de cruel.
A partir de ese momento, las desgracias se han amontonado sobre mis hombros como cajas registradoras sobre mi pie izquierdo: chaquetas enganchadas y rasgadas en pomos de puertas, pinchazos en el coche, un desfalco accidental en el trabajo que me llevó dos meses a la cárcel hasta que pude aclararlo todo, perdí la cartera en tres ocasiones, una de ellas en casa (cosa que no impidió que alguien usara mi tarjeta de crédito), y suspendí dos veces un examen de Física de segundo de BUP al que tuve que presentarme porque alguien perdió mi expediente.
Pocos pueden relatar un conjunto de desgracias semejantes. Una de esas chaquetas era mi favorita. Bueno, lo había sido. Ya estaba vieja. Pero me seguía gustando mucho y me la ponía bastante a menudo. Total, que poca gente hay en el mundo tan desgraciada como yo.
Por suerte y gracias a Internet, he encontrado un foro de afectados por las pulseras holográficas, también llamadas hologáficas (jajajaja, enteritis…) en el que nos debatimos entre si es mejor vivir con las ventajas de poder rascarnos las orejas sin usar un palo o por el contrario vivir sin el riesgo permanente de que a uno se le caiga en el pie una caja registradora.
Lo de la caja registradora es curioso. Al parecer, le ha pasado a todo el mundo en esa tienda. Incluso a personas que no habían comprado la pulsera. Se sospechó la posibilidad de que fuera el propio cajero quien arrojara la caja registradora sobre sus clientes, pero su respuesta (¿yo? No, no… No sé de qué estáis hablando) nos resultó muy convincente al comité de investigación, por lo que dedujimos que la gente miraba las pulseras expuestas mientras pagaba y eso bastaba para que la caja registradora cayera sobre el pie izquierdo del desafortunado y ya gafado cliente. Además, hemos realizado varias observaciones desde el escaparate con unos prismáticos, y hemos podido comprobar que el cajero silba mientras la caja cae. Todo el mundo sabe que es imposible hacer dos cosas al mismo tiempo, así que si silba, no puede empujar.
UN AÑO MÁS SIN JAVIER CORZO VARILLAS
Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010
<
p>Teresa González de la Fe
(Artículo publicado originalmente en la bitácora Ética more cibern-ethica)
Se cumple hoy el cuarto aniversario de la repentina muerte de Javier Corzo.
Él sigue en nuestra memoria y, como pequeño homenaje a su labor de divulgación científica y de ejercicio del pensamiento crítico, la Universidad de La Laguna tiene en estudio la creación de un premio de divulgación y pensamiento crítico que llevará su nombre.
Nada podrá llenar su ausencia, pero su ejemplo y su tarea quedarán de este modo en el recuerdo de todos.
MEMORIA DEL AGUA
Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010
<
p>Juanjo Iruin
(Artículo publicado originalmente en la bitácora El Blog del Búho)
Uno ha demostrado a lo largo de más de 250 entradas su carácter de divulgador más o menos provocador, pero fino y elegante. Procura no emplear frases malsonantes ni imágenes inadecuadas (alguna se habrá colado). Pero el caso es que, este fin de semana, El País ha publicado un reportaje de dos páginas centrales dando otra vez la matraca con la homeopatía. Aunque hace bien poco (sólo dos entradas) he vuelto a importunaros con ella, el mencionado artículo ha catalizado mis instintos más procaces y he decidido contratacar, empezando la entrada con una imagen que me mandó mi cuñadísimo la semana pasada y que había decidido no divulgar más allá de los más próximos.
Lo que me ha hecho cambiar de opinión es que, en el mencionado artículo, Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina 2008 por sus descubrimientos en torno al VIH, se apunta a la posibilidad de que los pretendidos éxitos de la homeopatía se sustenten en la capacidad del agua de tener una especie de memoria de aquellas moléculas que, aún no estando en ella merced a las diluciones homeopáticas, han estado en el pasado. Dice el galardonado que "se ha observado que ciertas diluciones dentro del agua en las que no queda materia sí registran, en cambio, vibraciones. Esta dilución puede reconstruir la información genética de la materia (las negritas son mías). Y continúa: "Una información instructiva de la que la homeopatía no puede olvidarse, a pesar de que muchos críticos dicen que no hay nada. Pero sí hay algo. Nosotros hemos demostrado que hay estructuras en el agua que son inducidas por vibraciones electromagnéticas". Espero que El País "no haya sacado las frases de contexto", porque cuanto más las leo menos me lo creo.
Es evidente que esto es dar alas a la famosa "memoria del agua", propuesta en un artículo encabezado por J. Benveniste en 1988, que yo mencionaba en una de las primeras entradas de este Blog y que Nature nunca debió publicar. Esa teoría es uno de los pocos agarraderos que les quedan a los homeopáticos para explicar lo inexplicable. Aunque, por si las moscas, ya han empezado a manejar conceptos cuánticos (ver aquí).
Claro que uno ya hace tiempo que llegó a la conclusión de que un Nobel no significa más que lo que significa. Hay Nobeles (o cuasi Nobeles) simpáticos y bordes, de derechas y de izquierdas, religiosos y ateos, humanistas (en el amplio sentido de la palabra) o encerrados en su torre de marfil, extrayendo el último corolario de su teoría más querida. En definitiva, que Montagnier sabrá un montón del VIH pero seguro que no sabe casi nada de otros campos de la Medicina e, intuyo, poco de electromagnetismo. Por si acaso, me he metido en la ISI Web of Science y despues de quedarme turulato con el impresionante h = 74 que tiene el ciudadano, no he podido encontrar un sólo artículo, de los casi 500 que allí aparecen, que indique una investigación en torno a lo que arriba se menciona. Es verdad que no he entrado en el detalle de todos ellos, pero nada parece indicar que Montagnier se haya dedicado a muchas más cosas que al VIH y sus aledaños. Si alguien sabe algo del tema que me lo deje en los comentarios.
Y es debido a esos despropósitos (al menos en mi opinión) el que se pueda dar lugar a reacciones como la figura que inicia este post, un tanto maleducada para mi natural discreto y pacífico. Pero es que con independencia de las frases que en ella se acuñan, que yo no he escrito y que pensaba haber limitado su difusión, la filosofía implícita en ella es espléndida y va al corazón de la falacia.
El agua es la sustancia química más importante de nuestras vidas. Por el agua que bebemos, excretamos y manejamos en múltiples usos cotidianos pasan moléculas sin fin. Entre ellas, algunas moléculas escatológicas provenientes de nuestras heces, a las que la figura hace referencia. Si el agua tiene memoria de los preparados homeopáticos que han pasado por ella, debe de tener la misma para cualquier otra molécula que en ella se haya alojado en el pasado en cualquier situación o evento. Así que, cualquier porción de agua tomada al azar de un grifo, una fuente, un manatial o un río contiene una memoria que ríase Ud. de los Gigas y los Teras. Y, por extrapolación, no parece lógico pensar que todas esas moléculas recordadas sean tan beneficiosas como las homeopáticas. Algún rincón de esa memoria contendrá una molécula maligna (¡con la cantidad de ellas que genera la Química!), que reconstruirá alguna información genética perversa para nuestro organismo, de la mano de adecuadas ondas electromagnéticas.
Así que estamos perdidos. Aventuro la hipótesis de que el coctel "químico" contenido en la memoria del agua es el origen de todos los males que nos aquejan y, además, será una fuente inagotable de otros contra los que nunca podremos luchar, pues ni siquiera con las técnicas analíticas más potentes podremos detectar al causante. Aunque ahora la pelota está en manos de los físicos. Los químicos ya hemos hecho todo lo posible gracias a Avogadro. Es a ellos a los que corresponde descifrar los términos contenidos en las frases en negrita.
Y un detalle adicional, y no baladí. Montagnier es francés, como Boiron, la multinacional de la homeopatía.
URL: http://elblogdebuhogris.blogspot.com/2010/03/memoria-del-agua.html
¿EL PAÍS HOMEOPÁTICO? - NO SIEMPRE
Edición 2010 - Número 3 (237) - 3 de abril de 2010
<
p>Javier Armentia Fructuoso
(Artículo publicado originalmente en la bitácora Por la boca muere el Pez)
Olvidóse de la grafología, como preveíamos, pero sí ha metido el diente al artículo o publirreportaje de la homeopatía que incluyó el pasado 6 de marzo. La Defensora de los lectores de El País escribe hoy su artículo "Homeopatía, de la creencia a la evidencia". Veamos qué nos cuenta Milagros Pérez Oliva, que bajo el titular declara (y avanza el necesario tono de racionalidad de todo el texto):
En periodismo médico no cabe equidistancia entre la evidencia científica y las teorías no demostradas. Los productos homeopáticos se aprueban sin estudios de eficacia.
Si me hubieran consultado, habría añadido: y en casi 200 años, la homeopatía ha sido incapaz de demostrar ninguna efectividad por encima del placebo... Leamos qué nos cuenta:
"Homeopatía, ¿quimera o ciencia?". Así se titulaba el reportaje publicado en la sección de Vida y Artes el pasado 6 de marzo. Aunque el subtítulo marcaba distancias al afirmar que "10.000 médicos en España prescriben productos de esta especialidad, cuestionada por científicos y facultativos", un considerable número de éstos se ha dirigido a la defensora para protestar. Según Manuel Collado, "con un tono de pretendida equidad, rigurosidad y lleno de opiniones expertas", se induce a pensar que la homeopatía es una alternativa médica avalada científicamente, cuando no es así. Seis folios plagados de citas me envía José Manuel Fernández Menéndez, médico, para rebatir un trabajo que "con la apariencia de un informe riguroso, ponderado y ecuánime, y desde una aparente distancia objetiva, da por buenas las más flagrantes falsedades". Por su parte, el catedrático Fernando Cuartero, subdirector del vicerrectorado de investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha, me pide que investigue esas falsedades.
Seamos condescendientes, titular con interrogación o hacer mención en el subtítulo que está cuestionada, no deja de poner en evidencia que el resto del artículo de Garriga se decantaba por pretender que incluso cuestionada o vilipendiada o sin apoyo científico, merecía la pena. Y eso era la mayor falsedad, como decían los críticos citados (que son sólo una fracción de los muchos que escribimos quejándonos). Sigamos:
Así lo he hecho. He de decirles, en primer lugar, que el autor del reportaje, Josep Garriga, ha trabajado a fondo el tema y se ha documentado extensamente. Si el resultado es criticable, no es desde luego por falta de esfuerzo. "Era consciente de que me metía en un terreno resbaladizo y pantanoso que no deja a nadie indiferente. Por este motivo, no me extrañó el extenso y riquísimo debate que el artículo generó en ELPAIS.com, con más de 600 comentarios a favor y en contra, y las innumerables cartas al director que se han recibido", explica. "Preparé el reportaje durante casi un mes y admito que no conocía nada sobre este tema, pero tenía varias cosas claras. Primera, debía hablar con ambas partes, partidarios y detractores. Segunda, no adoptaría ninguna conclusión, sino que debería ser el lector quien llegara a ella. Y tercera, sólo hablaría con licenciados en medicina especializados en homeopatía".
Garriga define, precisamente, lo que es mal periodismo en un tema como éste, de libro, vamos. Porque resulta curioso -perdónenme, en la era Google es imposible- que uno no llegue rápidamente a textos definitorios sobre la pseudomedicina homeopática, como el estudio y el editorial de The Lancet de 2005. Uno no puede escribir un artículo de homeopatía sin mencionar algo así, o, en los últimos meses, los informes y las conclusiones del parlamento británico, bien claras y desmontando el chiringuito "todo por la pasta" de la venta farmacéutica de las pildoritas de placebo homeopático.
La tontería esa, tan de facultad de periodismo (todo hay que decirlo) de que no llegaría a una conclusión, dejándole al lector hacer ese trabajo es simplemente ofensivo a la inteligencia. Porque justifica una equidistancia que es completamente injusta. Y ya lo de que sólo hablaría con "licenciados en medicina especializados en homeopatía"... ¡¡es el sesgo más estúpido de todos!! ¿Qué le va a contar un médico especializado en homeopatía, teniendo en cuenta que la especialización académica está montada desde la creencia en la homeopatía y avalada y subvencionada por los laboratorios que venden esos chuches? Aparte de historiadores de la medicina, pocos médicos se preocupan por esa historia... Sigamos:
Garriga no está de acuerdo con algunos lectores muy incisivos, "que comparan la homeopatía con la brujería, la quiromancia o la imposición de manos". Y lo argumenta así: "Nada menos que seis universidades españolas de indudable prestigio realizan o han realizado másteres en homeopatía; el Colegio de Médicos de Cataluña tiene una sección sobre homeopatía y la Organización Médico-Colegial (OMC) considera su práctica un acto médico. Y aunque la homeopatía carezca de evidencia científica, la propia Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria la recomienda para nada menos que 30 patologías. Incluso un Nobel de Medicina como Luc Montagnier, a quien entrevisté personalmente en Barcelona, la avala en los términos que cito en el texto".
Garriga demuestra un buen conocimiento del manual de razonamiento falaz, pero lejos de tenerlo en cuenta para evitar argumentos populistas, recursos a la autoridad y demás, los usa, qué ingenuo, en provecho propio. El que haya seis universidades (son más, por cierto) que tengan formación homeopática sólo es testimono de qué mal están las cosas en la Universidad en cuanto a criterio científico y cuánta pasta sueltan Boiron et al. para conseguir esa presencia. La recomendación de la Sociedad Catalana de Medicina Familiar es simplemente un recurso a la autoridad, porque ese aval que da a 30 remedios homeopáticos no está basado en una sola pieza de evidencia científica publicada en revistas de referencia. Algo que, ¡joder!, en un mes hasta un periodista "de la línea de enmedio" puede descubrir, o sospechar por la ausencia de datos fetén. Lo de Montaigner, en fin, lo de siempre. Pero como le ha entrevistado... parece más veraz. Pues no, no cuela.
Garriga sí reconoce un error, que lectores como Manuel García Alonso, Xavier Cugat y Fernando Frías consideran grave, pues ampara la conclusión final del artículo, que es la siguiente: "Pero convenza o no, la homeopatía cuenta cada día con mayor número de adeptos, no sólo entre los pacientes sino entre los médicos. El número de pediatras que optan por estos tratamientos se ha disparado (...) sobre todo por el perfil de seguridad de los medicamentos". El error está en la última frase: "Y sí, son medicamentos, no chuches, según todas las directivas europeas y la Agencia Española del Medicamento. Como tal se venden en las farmacias. 'Efectivamente, estamos hablando de medicamentos con eficacia demostrada en estudios científicos y ensayos, al igual que sucede con los medicamentos convencionales, los alopáticos', comentan representantes de la Agencia Española de Medicamentos. Si no, no estarían en el mercado", concluye el artículo.
Pues no, no es así, como se ha encargado de aclarar Cristina Avendaño, directora de la citada agencia, en un escrito a EL PAÍS. Ninguno de los productos homeopáticos que se venden en las farmacias españolas ha demostrado eficacia en ensayos clínicos ni estudios científicos acreditados. Estos productos han accedido al mercado por una vía excepcional en la que sólo se les exige pruebas de seguridad y de calidad en la composición. Por eso no se les reconoce indicación terapéutica alguna, pues para ello tendrían que demostrar su eficacia con estudios científicos acreditados.
Olé Yamato, (ya recomendé hace unos días el estupendo análisis del chanchullo legal de las homeochuches que ha hecho en El fondo del asunto, así que repetimos recomendación. Lean atentamente si son periodistas de la Equidistancia). Y ya puestos, el análisis de Esther Samper en su Medtempus es certero al apuntar las fuentes interesadas de ese discurso que vendía Garriga. El artículo de Cristina Avendaño está en este enlace, y comprendo que la Agencia del Medicamento, conocedora del extraño limbo legal al que quieren meter mano, intente nadar y guardar la ropa (lean a Yamato sobre el tema), dejando para mañana lo que tenían que haber hecho hace años, es decir, regular bien qué es medicamento y qué no, y cómo se atesta la efectividad. Ahí éste y anteriores gobiernos han jugado a lavarse las manos esperando a que las directivas europeas llegaran y les aliviaran de la responsabilidad. Mientras tanto, claro, los laboratorios y todo el mercado homeopático ha seguido siempre haciendo presión y colando artículos laudatorios en prensa generalista.
Un detalle: la defensora reconoce la línea de argumentación que hemos mantenido desde esta pecera y desde las posiciones de ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crìtico (véase la carta que mandó en nuestro nombre Ismael Pérez Fernández), haciendo mención a The Lancet y a las revisiones Cochrane, esto es, a la medicina basada en hechos.
Un examen de los correos que mantuvo Josep Garriga y el portavoz de la agencia indica que el error estuvo inducido por la forma en que ésta facilitó la información al redactor, pero la consulta de un mayor número de fuentes ajenas a la homeopatía podría tal vez haberlo evitado. Varios lectores lamentan que el artículo no cite el editorial de la revista The Lancet, de agosto de 2005, en el que, tras la revisión de más de 100 artículos científicos, concluye que la homeopatía no ha demostrado ser más efectiva que un placebo. Parecidas conclusiones pueden encontrarse en las revisiones realizadas por la Cochrane Lybrary.
Victor Luque Martín pregunta en qué fuentes se basa el autor para afirmar que cada vez más médicos prescriben fármacos homeopáticos. El artículo no los aporta. Algunos lectores critican además que se haya dado credibilidad a la teoría de que el agua en la que se diluyen las sustancias activas de la homeopatía conservaría sus propiedades incluso cuando ya no quedara en ella, tras el proceso de dilución, ninguna molécula de las mismas. Y cuestionan que Luc Montagnier, premio Nobel de Medicina, haya podido dar apoyo científico a esa teoría: "De creerle deberíamos tirar a la basura el conocimiento de física y química de los últimos 500 años. Uno esperaría que un descubrimiento tan revolucionario apareciera en la portada de Nature o Science", dice Rodrigo J. Carbajo, del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia.
Ignacio García-Valino señala que Montagnier no ha publicado semejante teoría en ninguna revista científica acreditada y remite a la página de Science-BasedMedicine - http://www.sciencebasedmedicine.org/?p=2081 - para aclarar el entuerto. Allí se dice que Montagnier es coautor de un estudio que nada tiene que ver con la homeopatía y que lo único que indica es que ha observado cierta capacidad de producir ondas electromagnéticas de baja frecuencias en procesos de dilución en agua.
Temas todos que obvió Garriga al escribir su pieza, por más que resulta muy muy difícil investigar el tema durante un mes y no descubrir una mención a Avogadro y su número enorme. El asunto de Montaigner ya lo habíamos tratado por aquí, con la referencia similar...
Sigamos, porque ahora Milagros Pérez Oliva (que ya se había demostrado inflexible sobre la forma artera de colar promoción de un medicamento -o una medicina- bajo el disfraz de información periodística) lo borda, con una merecida mención al texto al que antes me refería de ARP-SAPC:
Más allá de los errores concretos, el artículo presenta un problema de planteamiento general: en periodismo científico no cabe la equidistancia entre teorías demostradas y teorías por demostrar. Lo expresa bien un escrito de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico remitido por Ismael Pérez Fernández: "Bajo la apariencia de un texto periodístico imparcial y objetivo, termina ensalzando la homeopatía como un tratamiento que, en general, funciona aunque no se conozca su modo de actuación (...). Se trata de un patinazo seudocientífico fruto de una falacia periodística muy frecuente en nuestros tiempos, según la cual si una persona dice que la Tierra es redonda y ligeramente achatada por los polos y otra cuadrada y hueca, hay espacio para el debate y todas las opiniones son respetables. El título del artículo podría ser La tierra, ¿esfera o cubo?".
Habría añadido una mención a la estupenda crítica del Agente Smith (Periodismo muy diluido) por aquello de rescatar de lo mejorcito del movimiento escéptico que se ha escrito al hilo del artículo de Garriga. Pero veamos, que la defensora llega a las conclusiones. Y sería bueno que las aplicaran a "periodistas" de su grupo, que viven precisamente de explotar el mal periodismo, cagarse en la comprobación de veracidad de las afirmaciones y demás malas artes. Y me refiero explícitamente a gente como Iker Jiménez. Ya, como no escribe en El País, no es ministerio de la Defensora, pero les mancha la imagen de la misma manera... Lean:
Éste es, en mi opinión, el meollo del problema. Para evaluar la veracidad y pertinencia de las teorías sobre las que informa, el periodismo científico necesita aplicar mecanismos de verificación y control de calidad. Los diarios rigurosos suelen adoptar el sistema de validación del que se ha dotado la propia comunidad científica: para dar credibilidad a una teoría, es preciso que haya sido publicada en una revista de prestigio, dotada de un sistema de revisión por pares (peer review).
Si el periodismo de versiones tiene los desastrosos efectos que vemos en el ámbito de la política, en el de la biomedicina las consecuencias pueden causar graves daños. No cabe la equidistancia entre la ciencia y lo que no lo es. Entre la medicina basada en la evidencia y una disciplina que no ha superado los requisitos de evaluación del método científico, por mucho que el autor del reportaje, los responsables de la sección que lo supervisaron y esta misma defensora conozcamos a mucha personas que, habiéndose sometido a la homeopatía, aseguran haber mejorado de sus dolencias. Una cosa es la percepción y otra la demostración. Y tampoco es lo mismo un catarro que una neumonía.
Los médicos que la aplican merecen todos los respetos, pero la evidencia científica no es una cuestión de opiniones, y si se busca el rigor científico, no se puede tratar igual a lo que es manifiestamente diferente ni dar la misma autoridad a quien no la ha acreditado en la misma medida.
Salimos estos días de un congreso sobre comunicación social de la ciencia en donde se habló, precisamente, de esta responsabilidad del periodismo científico (y del periodismo en general) a la hora de transmitir información. Leamos de nuevo, y pongamos en negrita, a ver si se enteran:
la evidencia científica no es una cuestión de opiniones, y si se busca el rigor científico, no se puede tratar igual a lo que es manifiestamente diferente ni dar la misma autoridad a quien no la ha acreditado en la misma medida.
Olé, olé y olé. De la misma forma que no hemos tenido nunca empacho en quejarnos de las barbaridades que cuelan en El País (y en otros diarios, independientemente del grupo editorial al que pertenezcan, un ejercicio fundamental que todos deberían seguir a pie de letra), nos encanta poder suscribir este análisis. Ya era hora de que en El País se dijeran estas frases y se dejaran de templar gaitas con una pseudociencia popular (entre médicos y farmacéuticos también) como es la homeopatía.
Ojo, esto traerá cola y ya estoy viendo la oleada de cartas de colegios médicos y de todos los facultativos que viven de la homeopatía. No van a tardar. Así que, de la misma forma que antes solicité cartas de protesta al periódico, estaría fenomenal que también enviáramos cartas en defensa de la defensora. Seguiremos atentos, que aún no han preparado nada en la página de Boiron, ni de Biótica, ni de Praxis, ni de Iberhome, Heel, Homeolab, DHU... en fin, ya saben, esas industrias tan tan preocupadas por la salud y el equilibrio energético de todas y todos.
Esperen, les dejo que disfruten del domingo. Pero recuerden:
la evidencia científica no es una cuestión de opiniones, y si se busca el rigor científico, no se puede tratar igual a lo que es manifiestamente diferente ni dar la misma autoridad a quien no la ha acreditado en la misma medida.
