ovnis
Escepticismo y ciencia en Salas de los Infantes
Submitted by iperez on Jue, 29/11/2012 - 12:03Este viernes día 30 de Noviembre nuestro Director Ejecutivo estará en Salas de los Infantes(Burgos) dando un par de charlas, una de ellas será el segundo Escépticos en el Pub que se celebra en dicha localidad. A continuación tenéis la nota de prensa que han preaprado desde el Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense y que se puede leer en su blog Tierra de Dinosaurios.
Dentro de las actividades de la Semana de la Ciencia 2012, está prevista la visita a Salas de Ismael Pérez Fernández, de la Agrupación Astronómica de Madrid, Director Ejecutivo de ARP-Sociedad Para El Avance del Pensamiento Crítico y miembro de la American Association for the Advancement of Science. Además, Ismael se encarga de dar vida a dos blogs: hominidos.net, un espacio dedicado a la ciencia y al pensamiento crítico, y superfilosofia.com, donde se plantean cuestiones filosóficas diversas usando como vehículo las aventuras de los superhéroes .La visita de Ismael Pérez dará sus frutos en dos actividades:
-Por la mañana impartirá una charla a alumnos de Bachillerato del IES Alfoz de Lara, en Salas, que lleva por título "Atrévete a pensar". En ella se repasarán algunas de las creencias más populares y frecuentes en nuestra sociedad, y se mostrará cómo no tienen sustento ninguno.
-Por la tarde, a las 20,30 h., en el Pub Tilos se desarrollará la 2ª sesión de “escépticos en el pub” que se celebra en Salas (la primera, en diciembre de 2011, con Félix Ares). En esta ocasión el tema a tratar será la posible existencia de vida extraterrestre: "Me parecio ver un lindo extraterrestre" lleva por título la intervención de Ismael. Hablaremos del mito OVNI, su origen, estudios que se han realizado, y cómo nuestro cerebro puede jugarnos malas pasadas con este tipo de creencias.
Este año el programa de divulgación científica ha puesto el acento en la astronomía. Primero la charla de Javier Armentia, y ahora estas charlas de Ismael Pérez. Resulta interesante resaltar que la sesión de “escépticos en el pub” es una iniciativa de ARP-SAPC, que está extendiéndose por España desde hace escasos años. En la provincia de Burgos somos pioneros los salenses, pues el CAS es la segunda vez que apuesta por este formato de divulgación del conocimiento científico, en el que lo que prima es la cercanía al público y la participación de éste en un escenario informal como es un pub.
Estas actividades cierran la Semana de la Ciencia 2012, organizada por el Museo de Dinosaurios y que cuenta como colaboradores a la Fundación Dinosaurios de Castilla y León, y al Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas -C.A.S, además del IES Alfoz de Lara y la asociación ARP-SAPC.
Medio siglo de platillos
Submitted by admindrupal on Lun, 05/11/2012 - 23:52
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Medio siglo de platillos Los jueces elegidos por Sturrock, tras escuchar a los testigos seleccionados por Sturrock, han concluido que "el estudio de los ovnis no ha aportado nada al conocimiento científico" LUIS ALFONSO GÁMEZ C ada vez más desquiciada. Así está la ufología. Nació hace medio siglo debido a un error periodístico y a los tejemanejes de un editor sin escrúpulos, y esos inicios la marcaron de por vida. A nadie sorprende hoy en día que los ufólogos profesionales -esos intrépidos investigadores a los que no se conoce otro oficio- conviertan por arte de birlibirloque un globo estratosférico en una nave de otro planeta, vean en los delirios de un desequilibrado a un elegido de los extraterrestres o aporten dudosas radiografías como prueba de implantes alienígenas en seres humanos. Viven de ello, de vender misterios; cuando no los hay, se los inventan. En eso, siguen fielmente las directrices establecidas hace ya medio siglo por el primer ufólogo profesional: Raymond A. Palmer. El mito de las visitas extraterrestres nació el 24 de junio de 1947. Aquel día, Kenneth Arnold vio sobre las montañas Cascade, en el estado norteamericano de Washington, una escuadrilla de misteriosos objetos que horas después la Prensa bautizó como platillos volantes. Sin embargo, Arnold había visto en realidad otra cosa: nueve objetos con forma de bumerán, que se desplazaban como platillos saltando sobre el agua. Y tampoco creía que fueran naves de otro mundo: sospechaba que se trataba de algún tipo de avión, de un ingenio soviético a propulsión a chorro. Hasta que se cruzó en su vida Palmer, que poco antes había tenido que abandonar la dirección de la revista de ciencia ficción Amazing Stories, ya que sus propietarios se habían hartado de que llenara las páginas de la publicación, una de las más prestigiosas del género, de tonterías pseudocientíficas. Palmer creó entonces Fate y dedicó el primer número de la nueva revista -que llegó a los quioscos en la primavera de 1948- a la historia de Arnold, convenientemente reinventada, sin aquellos elementos del relato original que restaban misterio al misterio. Hubo que esperar, no obstante, casi dos años más hasta que el comandante retirado Donald E. Keyhoe identificó los platillos volantes con naves de otros mundos. Lo hizo en la revista True y a partir de ese momento, con el dogma principal firmemente establecido, el mito ovni se constituyó en una especie de cajón de sastre en el que tenían cabida ciudadanos normales y corrientes que creían haber visto algo raro en los cielos; militares que temían que se tratara de armas enemigas; desaprensivos que se inventaban historias increíbles para saciar el interés del público; chalados que decían haber entrado en contacto personal con los marcianos -hasta los años 70 se creyó que los tripulantes de los platillos volantes podían proceder de Marte, Venus o la Luna-, y estudiosos, pocos, seriamente interesados en averiguar qué había de cierto tras los llamativos titulares de prensa. Medio siglo después, el panorama es similar, si bien los militares han perdido todo interés en investigar observaciones de presuntas naves alienígenas y sólo recurren a los ovnis en caso de necesidad, como cortina de humo para encubrir pruebas de aeronaves secretas, por ejemplo. Precisamente, la Fuerza Aérea estadounidense confirmó hace poco más de un año que el famoso caso Roswell -el presunto accidente de una nave alienígena en Nuevo México en 1947- tuvo su origen en globos experimentales, algunos de los cuales portaban y lanzaban maniquíes antropomorfos equipados con paracaídas. El objetivo, según el comunicado oficial hecho público el 24 de junio de 1997, era comprobar la posibilidad de que pilotos o astronautas llegaran a tierra con vida si sus naves sufrían algún percance en vuelo. El caso Roswell y toda la mitología conspiranoica que ha cobrado tanto auge en la ufología de fin de siglo demuestran que el corpus del mito original se ha complicado hasta límites increíbles. Tras los primeros contactos personales con extraterrestres de los años 50, en los que éstos advirtieron a George Adamski, Daniel Fry y compañía del peligro nuclear, llegaron los hombres de negro -misteriosos personajes encargados de silenciar a testigos y ufólogos que se aproximaban demasiado a la verdad-, los secuestros -la primera abducción que tuvo amplio eco, la de Betty y Barney Hill, fue explicada convencionalmente hace años, pero eso no ha influido para nada en la proliferación de este tipo de sucesos-, las mutilaciones de ganado, los platillos estrellados, los pactos entre las grandes potencias y los invasores -a quienes los gobiernos terrestres darían carta blanca para secuestrar a gente a cambio de tecnología alienígena-, 28 (Septiembre 1998) el escéptico las bases humano-extraterrestres ubicadas en el subsuelo EE UU... Y todo eso junto y revuelto, en un puzzle imaginario en el que unas piezas no encajan con otras. Un puzzle del que el denominado panel Sturrock sólo ha tenido oportunidad de examinar media docena de piezas, ya que tanto su principal responsable como los ufólogos que facilitaron información al grupo de científicos se cuidaron de censurar toda evidencia que pudiera perjudicar sus intereses, que no iban encaminados a un dictamen imparcial, sino a conseguir un veredicto pro-ovni. ¿Cómo se explica que militares estadounidenses abrieran proyectos secretos de investigación sobre simples avistamientos de luces en el cielo cuando habían capturado ya un platillo volante en Roswell en 1947? ¿Es creíble que altos cargos de la Administración norteamericana se pregunten en documentos hasta hace poco secretos qué son los ovnis cuando, según los ufólogos profesionales, sus científicos estudian desde hace décadas los restos de naves alienígenas? ¿Por qué no ha habido ni uno solo de los miles de funcionarios presuntamente implicados en tamaña conspiración que haya aportado a la opinión pública una prueba fiable? ¿Cuál es la razón de que los platillos volantes sólo se estampen contra la superficie de nuestro planeta en zonas próximas a bases militares? ¿Por qué no hay ni una fotografía de un ovni que sea indiscutiblemente auténtica? Hay una única respuesta para todas estas preguntas: las observaciones de ovnis y de supuestos extraterrestres no tienen nada que ver con visitas alienígenas. Ésa es la clave. Obviamente, esta respuesta no satisface a los ufólogos profesionales, aunque sí a aquéllos aficionados, más cautos, que rechazan el sensacionalismo propio del quiosco esotérico, pero están convencidos de que tras el fenómeno ovni hay algo enigmático. Porque si en algo está de acuerdo la comunidad ovni, es en que hay un reducto de sucesos inexplicados que constituye la esencia misma del fenómeno. Es decir, que, una vez cribada la paja, nos quedan unos cuantos granos de auténtico maíz. Aproximadamente, del 5% al 10% del total. Como el total se cifra en alrededor de 200 millones de observaciones de ovnis en 50 años, nos encontramos con cerca de 4 millones de sucesos auténticos. Dicho así, la ufología tendría una sólida base, un amplio campo de estudio; pero la realidad es muy diferente. No existe una manera objetiva de diferenciar los casos de ovnis posteriormente identificados de los que permanecen sin explicación tras las pertinentes pesquisas. O, lo que es lo mismo, no hay manera de separar el grano de la paja. El color, la forma, el comportamiento, la hora del día a la que se ven, la geografía de las observaciones o su duración son variables a partir de las cuales es imposible -lo admiten los ufólogos serios- diferenciar planetas, globos son- da, faros de automóvil, reflejos, platillos volantes... Así pues, las características de los no identificados son similares a las de los identificados. Al menos, a partir de las narraciones de los testigos, de esas personas creíbles que, parafraseando a Joseph Allen Hynek, el fallecido pope de la ufología científica, cuentan cosas increíbles, que, precisamente, a muchos nos llevan a pensar que los ovnis, los extraterrestres, no son sino las hadas y los dragones contemporáneos. Dicho así, a la brava, puede parecer una boutade; pero, cuando uno compara los cuentos de hadas o las historias de dragones con las historias de platillos volantes, las similitudes son indiscutibles y las naves extraterrestres se desvanecen. Imagen de la película de Robert Wise Ultimátum a la Tierra (1951) cuyo imaginario interior del platillo volante se incorporó inmediatamente a la iconografía del naciente mito ovni. Pero ¿qué pasa con ese 5% ó 10% de observaciones que se resiste a una explicación convencional? Para empezar, debe quedar bien claro que la existencia de ese remanente de no identificados refleja las limitaciones de la propia ufología: no siempre es posible realizar la investigación in situ, no siempre se recogen los testimonios inmediatamente después de acaecer los hechos, no siempre -muy pocas veces, para ser sincero- el investigador es un auténtico investigador. Basta echar una ojeada al panorama ufológico ibérico. Las grandes figuras, aquéllos que se prodigan en los medios de comunicación, son en su mayoría individuos sin preparación y sin ningún interés en superar sus limitaciones consultando a especialistas en las diferentes áreas del conocimiento. Ése es uno de los problemas de la ufología. Hay pocos auténticos expertos -los que lo son trabajan en la sombra y son blanco de ataques por parte de los charlatanes mediáticos- y demasiados periodistas especializados. Estos últimos son incapaces de entender por qué los escépticos creemos que luchan contra molinos de viento, que basar la ufología en la persistencia el escéptico (Otoño 1998) 29 de un residuo inexplicado es reconocer, implícitamente, que los ovnis no existen como objetos inidentificables. Del mismo modo que hay presuntos casos de ovnis inexplicados, existen asesinatos y accidentes inexplicados, desapariciones inexplicadas... ¿Alguien se ha puesto a buscar explicaciones extraterrestres a estos otros sucesos misteriosos? No, porque la ausencia de explicación no supone evidencia para nada. Es ridículo -falaz, como lleva advirtiendo Félix Ares desde principios de los años 80- darle vueltas al residuo, un residuo del que hace tiempo que salieron la oleada de misteriosas aeronaves de 1897, la observación de Kenneth Arnold, el suceso de isla Maury, el caso Roswell, la abducción de los Hill, los aterrizajes de Gallarta... Si los sucesos sobre los que se ha cimentado el saber ufológico no tienen nada de enigmático, resulta evidente que la ufología no tiene necesidad de auténticos ovnis, es decir, que si los ovnis nunca hubieran existido, nada habría sido diferente. Ésta es la conclusión a la que hemos llegado algunos. Entonces, ¿por qué nos sigue interesando el estudio del fenómeno si no creemos en él? Por dos razones: por sus implicaciones sociológicas -estamos ante un nuevo credo que se cobra sus víctimas, tanto desde el punto de vista psicológico como desde el físico-, y porque alguien ha de denunciar a los estafadores y poner las cosas en su sitio. Desgraciadamente, la ufología, un campo de gran interés para las ciencias sociales, es terreno abonado para que hagan su agosto todo tipo de desalmados, entre los que destaca un grupo de individuos que se rige por una vieja máxima del periodismo sensacionalista: no dejes que la realidad te estropee un buen titular. Basta abrir revistas como Año Cero, Enigmas, Más Allá o Karma.7, donde se transmuta lo explicable en inexplicable, para comprobar el escaso -por no decir nulo- rigor de nuestros más jóvenes periodistas especializados, auténticos maestros en el arte de la mentira. La última manipulación de la ufología de feria ha consistido en lanzar las campanas al vuelo tras conocer los resultados de un estudio promovido por un creyente, que, paradójicamente, ha dejado las cosas como estaban. Porque ni haciendo trampas, que es lo que ha hecho Sturrock, los ufólogos han sido capaces de demostrar nada. Han trucado los dados y han vuelto a perder la partida: los jueces elegidos por Sturrock, tras escuchar a los testigos seleccionados por Sturrock, han suscrito como propia la conclusión de Condon de 1969: El estudio de los ovnis no ha aportado nada al conocimiento científico en los últimos veintiún años. Descanse en paz la ufología. ¡Un regalo extraordinario! el Suscríbase a escéptico Carlos M. de Heredia. y recibirá, con su primer número de la revista, un ejemplar de Fraudes espiritistas y fenómenos metapsíquicos, un libro del padre Amigo de Houdini, el autor, una especie de James Randi de principios de siglo, se interesó desde su juventud por lo inexplicable, investigó casas encantadas y a sensitivos que decían estar en contacto con el Más Allá, y duplicó en sus conferencias supuestos fenómenos paranormales. Escriba a: EL ESCÉPTICO Apartado de Correos 310 08860 Castelldefels (Barcelona); España. Correo electrónico: arp_sapc@yahoo.com Oferta no acumulable. Sólo valida para nuevos suscriptores y hasta fin de existencias. Gastos de envío excluidos. 30 (Septiembre 1998) el escéptico
¿Cerebros implantados?
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cia Aérea número 21, donde no consta nada en este sentido. También, al 802 Escuadrón del Servicio Aéreo de Rescate, cuyo comandante jefe, Angel Valcárcel, me comentó: Respecto al testimonio relatado en su día por el joven que cumplía el servicio militar en la Base Aérea de Gando, no procede ningún tipo de comentario por la irracionalidad e inverosimilitud no del propio fenómeno en sí, que no se entra a valorar, sino de la forma y medios con que actuaron las unidades indicadas. Usemos la lógica. ¿Es acorde al sentido común que unos soldados de reemplazo se líen a tiros en una playa de madrugada contra unas sombras que que aparecen y desaparecen, y además durante media hora? ¿Nadie oyó los disparos? En una playa pública, fuera la de Tauro o las pequeñas calas de Taurito y Diablito, donde ya en 1991 había campings durante todo el año y donde abundan las embarcaciones deportivas; en fin, una zona densamente poblada por multitud de turistas -todo el sur y suroeste grancanario- y donde, a la voz de ¡Abran fuego!, nuestros aguerridos soldados de reemplazo - recalco - vaciaron sus cargadores en todas direcciones, exponiéndose a que hubiera algún periodista -en este caso, no ufológico- por las inmediaciones y a causar un enorme problema al Ejército. ¿Es tan estúpido nuestro Ejército del Aire? ¿Tiene todo esto algún sentido? ¿Qué nos queda? Sombras, sombras, y más sombras... RICARDO CAMPO PÉREZ ¿Cerebros implantados? Si la realidad del fenómeno ovni hubiese sido llevada ante un tribunal de justicia, hace tiempo que habría sido probada como algo absolutamente cierto. Con esta sensacional frase, que abre su artículo titulado Implantes: ¿Una sutil arma alienígena?, Salvador Freixedo nos deja bien claras dos cosas: su condición de fervoroso creyente en la ufo48 (Junio 1998) el escéptico logía, y su absoluta ignorancia de la práctica procesal.1 Y si estas dos impresiones, al basarse en la lectura de una sola frase, pueden parecer algo apresuradas, a lo largo del artículo Freixedo se reafirma en lo primero -su inquebrantable credulidad - y amplía lo segundo -demostrando que su enciclopédica ignorancia abarca la gran mayoría de las parcelas del conocimiento humano-. Freixedo parte de la base de que los extraterrestres no se conforman con hacer guarrerías con las víctimas de sus abducciones, sino que, por si eso fuera poco, se dedican a implantarles lo que el autor llama biochips, que son partículas que en la práctica van desde simples piedrecitas o trozos de metal hasta acumulaciones de grasa o pelos malformados. El origen real es indiferente: de lo que se trata es de hacerlos pasar por auténticos implantes extraterrestres. Claro; uno podría objetar, por ejemplo, que no todas las supuestas víctimas de no menos supuestas abducciones presentan esos implantes. No hay problema. El intrépido Freixedo acude a Andrija Pujarich, que, desde su autoridad de doble candidato al premio Nobel por su condición de genial inventor en el campo de la electrónica, nos informa de que existen implantes fuera del espectro visual físico y sólo pueden ser vistos por algunos humanos especialmente sensitivos. Esperemos, dicho sea de paso, que sean más sensitivos que el propio Pujarich, que se ha dejado engañar sistemáticamente por Uri Geller, el cirujano psíquico Arigo y, en general, cualquier charlatán medianamente hábil que se le ha cruzado en el camino. El caso es que, con esta afirmación, las evidencias judiciales que postulaba el propio Freixedo pasan a engrosar las filas de los fenómenos celosos,2 como las hadas y los gnomos, los íncubos y súcubos, o los pitufos y los hombrecillos verdes de la nevera.3 Fenómenos del tipo existen, pero sólo los puedo ver yo. Eso sí, la mención a Pujarich, además de añadir un nuevo elemento humorístico al artículo, sirve para colocar la fotografía de Salvador Freixedo, en una pose digna de un profeta anunciando el Apocalipsis. A su lado, Pujarich partiéndose de risa. Afortunadamente, no todos los implantes son tan etéreos y elusivos. Freixedo nos cuenta también la asombrosa historia de cómo David E. Pritchard, doctor en Física por Harvard y profesor en el MIT, utilizó los recursos de su laboratorio para investigar el implante que se había extraído a un tal Price. Después de mostrarnos las características de la maquinaria empleada, y de hacernos ver el enorme interés que para las instituciones Es una lástima que Freixedo no sepa inglés; en caso contrario, se habría dado cuenta de que reproduce un informe médico relativo a un implante que resulta ser un coágulo formado por células epidérmicas degeneradas científicas presentan estos tipos de implantes, Freixedo concluye diciendo que, ¡ay!, en el caso concreto de esta persona no se pudo llegar a ninguna conclusión acerca del implante. ¡Craso error! En realidad, no se pudo llegar a ninguna conclusión que respalde las majaderías de Freixedo; en realidad, dicho implante -ubicado en el pene del tal Price- resultó ser una acumulación de pelo, cristales de orina y esperma seco. Claro que decir esto quedaría muy feo en un artículo de estas características -no por lo del pene, obviamente-. Por cierto que es una lástima que Freixedo no sepa inglés; en caso contrario, se habría dado cuenta de que reproduce un informe médico relativo a un implante que resulta ser un coágulo formado por células epidérmicas degeneradas y producido por una lesión. Cualquiera podría pensar que con la sarta de disparates hasta ahora expuestos -y los que el lector puede imaginarse- el delirio de Freixedo había llegado a su culminación. Pues no es así. A continuación, el investigador se lanza a una desquiciante especulación acerca de la finalidad de los implantes. Y llega a la conclusión de que son una especie de mandos a distancia. De hecho, en un caso concreto llega a afirmar que ingenieros consultados dijeron que aquello podría trabajar a niveles cuánticos, y si así fuera, ello podría generar ciertas interferencias con el funcionamiento de la conciencia de aquel individuo. Los que no tenían conciencia eran los ingenieros. ¡Mira que tomarle el pelo al pobre Freixedo! Seguro que aún se están riendo. Pero también hay implantes terrestres, colocados por la inteligencia militar para realizar un control intracerebral radiohipnótico y la llamada EDM (Disolución Electrónica de la Memoria). Uno tiembla de terror al pensar que los malvados militares, asustados ante la difusión de estas terribles noticias, decidieran implantar semejantes artilugios en el cerebro de los lectores de Freixedo. Claro que si se limitasen a implantarlos sólo en los que se creen estas patochadas, encontrarían en serias dificultades para encontrar algo de cerebro en el que efectuar el implante. Freixedo sigue hablándonos de los sesudos investigadores de implantes, que se caracterizan todos ellos por su fenomenal preparación científica y su imparcialidad y objetividad. De lo primero da fe el hecho de que Freixedo no nos cite ni un simple graduado escolar: quizá tenga miedo de que sus lectores se abrumen ante el despliegue de doctorados, premios Nobel y cátedras de Fisiología. En cuanto a lo segundo, baste citar a un tal Derrel Sims, que fue testigo de avistamientos ovni desde los tres años -edad mental que probablemente no haya llegado a superar - , al igual que toda su familia, empezando por sus antepasados ingleses del Siglo XIX. Por cierto que resulta curioso que Sims, a pesar de su fe desbordante, tampoco haya sido capaz de encontrar nada... Pero Freixedo deja atrás esos pequeños inconvenientes, e incluso algunos realmente grandes. La casi infinita diversidad de tipos de implantes, al igual que la enorme variedad de extraterrestres que los colocan, no es para nuestro audaz especulador un motivo de sospecha. Simplemente ocurre que son muchos y muy diferentes los [grupos y razas extraterrestres] envueltos en esta tarea. La verdad es que la credulidad de autores como Freixedo es un fenómeno digno de estudio, pero parece excesivo que tantas y tan variadas razas alienígenas pasen por nuestro planeta con este único fin. El artículo termina con una hilarante especulación acerca de las torticeras intenciones de los autores -terrestres o extraterrestres- de estos implantes. La verdad es que es lo típico: control mental, utilización como arma o incluso una especie de sistema de borrado selectivo de la memora. No sabemos si también hay algún sistema de borrado total de la inteligencia, pero la verdad es que el artículo lo hace sospechar muy seriamente. En fin; tan grave es lo que expone Freixedo que uno se preguntaría cómo es que los marcianos y/o militares no se han preocupado ya de silenciar a este conocedor de sus tenebrosos secretos. Y deberían hacerlo, pues, de lo contrario, seguirá atacando impunemente a nuestro sentido común y haciéndonos correr el serio riesgo de morir de un ataque de risa. Que lo hagan callar, o que le coloquen un implante en el cerebro. ¿O será que lo que necesita es un cerebro en el implante? FERNANDO L. FRÍAS Freixedo, Salvador [1997]: Implantes: una sutil arma alienígena. Enigmas (Madrid), Año III - Nº 12 (Diciembre), 52-58. 2 Término que Robert Sheaffer utiliza para referirse a los ovnis, los fenómenos paranormales, las apariciones marianas o, en general, cualquier afirmación magufa, que se caracterizan por seleccionar el momento, el lugar y las personas a quienes se muestran, excluyendo cuidadosamente a los escépticos, por supuesto. 3 Los hombrecillos verdes de la nevera son el prototipo escéptico de este tipo de criaturas. En efecto, muchos escépticos están firmemente convencidos de que en sus neveras habitan unos hombrecillos verdes que, al volverse invisibles al abrir el frigorífico, resultan indetectables. Carl Sagan asegura, en El mundo y sus demonios, que en su garaje habitaba un dragón que sólo él era capaz de percibir. Lo más curioso es que, a pesar de la abundancia de testimonios, los únicos que niegan categóricamente la existencia de los hombrecillos verdes de la nevera son los magufos. 1 el escéptico Escriba a: Colabore en ¿Le gustaría participar activamente en esta revista? Díganos qué temas le interesaría ver publicados en estas páginas, envíenos sus colaboraciones noticias, artículos, críticas de libros...- o haganos llegar sus preguntas o comentarios sobre el contenido de la revista en forma de cartas al director. EL ESCÉPTICO Apartado de Correos 440; 08190 Sant Cugat (Barcelona); España. Correo electrónico: arp@mail.seric.es Teléfono: 93 592 14 65 el escéptico (Junio 1998) 49
Ovnis fantasmas en Canarias
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En fin, que quizás habrá que esperar a la serie para que la reticente cámara de Carballal funcione. Hasta entonces, sus vagas explicaciones y su exhibición de conocimientos atlantes están muy lejos de ese protagonismo que, según él, la Atlántida merece en nuestras facultades de Historia. Comentario aparte merece un recuadro que complementa el artículo, titulado ¿Dónde está la Atlántida? y cuya autoría no consta. A la vista del contenido, más bien deberíamos decir que no ha sido reivindicado; al fin y al cabo, es un auténtico atentado contra la gramática y la ortografía. Y esta falta de reivindicación es una lástima, porque el autor merecería un puesto de honor en los anales de la confusión no sólo lingüística, sino mitológica. Tras mencionar a Platón, demostrándonos que no lo ha leído, el perpetrador del recuadro repasa diversas teorías sobre la ubicación de la Atlántida. Imputa por ejemplo - tal vez injustamente- a Spiridon Marinatos y Agnelos Galonopoulos la teoría de que la Atlántida fue sepultada por una erupción del Krakatoa. Si hasta ahora habíamos visto cómo muchas teorías magufas jugaban tranquilamente con las fechas, haciendo retroceder a su capricho las épocas de construcción de las pirámides egipcias o los templos mayas con el fin de que concordasen con sus disparates, debemos reconocer que es la primera vez que el salto se produce al revés. Si el autor del recuadro está en lo cierto, la Atlántida habría recorrido un bonito periplo en el espacio hasta situarse en las antípodas de su supuesta ubicación -Krakatoa se encuentra en el Pacífico- y en el tiempo, ya que la explosión de Krakatoa se produjo en 1883. La solución sea tal vez, como apunta el autor, la que propone el grupo español Hipergea, que afinó en su localización hasta la actual Thera. No sabemos cómo logró afinar tanto, puesto que por más que buscamos no logramos encontrar ninguna actual Thera. Santorin dejó de llamarse así hace varios siglos. Claro que no se puede estar en todo; bastante tienen estos investigadores con sus fantasías como para tener que conocer, además, la dura realidad. En fin; el autor termina citándonos leyendas -no lo dice, pero obviamente son leyendas de moderna invención- que sitúan la Atlántida en otros muchos lugares, entre ellos la desaparecida Tartessos. Esto último sería ya una especie de doble salto mortal con tirabuzón: un supuesto continente perdido, mencionado tan sólo a título de parábola por un filósofo griego, y que al parecer acabó sumergiéndose en las aguas, pasa a ser en realidad un floreciente imperio de la Edad del Bronce cuyos restos siguen apareciendo periódicamente y que ni siquiera se dio un bañito. Así, despojada de sus elementos, la leyenda de la Atlántida podría identificarse con cualquier cosa. En fin; quizás el anónimo autor del recuadro debiera recurrir a Paco Lobatón para que le ayude a localizar la mítica Atlántida. Porque si tiene que confiar en los resultados de su propia investigación... FERNANDO L. FRÍAS 1 Carballal, Manuel: Descubren en Canarias los muros sumergidos de la Atlántida. Karma.7 (Barcelona), Nº 286 (Diciembre 1997), 16-20. Ovnis fantasmas en Canarias Una de las más increíbles historietas que circulan en el mundillo ovni nacional en los últimos años tiene como protagonista a un grupo de soldados de reemplazo y como escenario Gran Canaria. Según cuentan diversos periodistas especializados en temas de misterio de publicaciones sensacionalistas, una noche de abril de 1991, un grupo de soldados de la Base Aérea de Gando fue despertado de su sueño por unos oficiales para cumplir una misión. Los radares del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 21 habían detectado ecos no identificados al suroeste de la isla. Se trataba de una acción rápida. Embarcaron en un helicóptero Super-Puma del Servicio Aéreo de Rescate, y allá que se fueron nuestros soldados a la playa de Taurito o Diablito, cuestión que no queda clara en las informaciones -escasas y fragmentarias- que los autores antes citados han suministrado a lo largo de estos años. Habiendo llegado a la zona en cuestión, los ocho soldados comenzaron a ver una serie de siluetas y sombras, mientras el helicóptero, que esperaba estático en lo alto, era sobrevolado por extrañas luces. Y, cuando los soldados se encontraban muy cerca de las sombras, se inició un tiroteo contra las mismas, pero las balas no parecían hacerles efecto: era como si las traspasaran. Las sombras desaparecían y volvían a aparecer, siendo nuevamente cosidas a tiros. Cuando se lanzaban bengalas luminosas, las sombras desaparecían. Llegaron a rodear una de las sombras, pero no dispararon por miedo a herirse entre ellos. Un perro adiestrado se acobardo... Uno de los soldados asegura que todo aquello duró unos 45 minutos y, durante media hora, estuvimos pegando tiros. La historia finaliza trucando los subfusiles Cetme para que no se descubriera que habían sido disparados y con la amenaza de los oficiales a los reclutas de que guardaran silencio en relación con lo vivido (amenaza que no sirvió de mucho): la peripecia se repetiría dos semanas después. En el curso de varias visitas a la isla de Gran Canaria, mostré las informaciones publicadas a diversas autoridades militares del Ejército del Aire. Como me imaginaba, negaron los hechos, pero no sólo eso. Dando por supuesta la realidad de los mismos, la operación llevada a cabo no tenía ni pies ni cabeza. Era irracional y disparatada. Así no habría actuado el Ejército del Aire en una operación similar. Entre los militares consultados por el autor de estas líneas, se encuentra el coronel Pedro Arcas, jefe de la Oficina de Relaciones Públicas del Mando Aéreo de Canarias, quien, después de sonreírse mientras leía las referencias, espetaba: Esto es absurdo. Reacción muy similar a la del coronel Enrique Pina, jefe de la Base Aérea de Gando, en entrevista mantenida en marzo de 1996. Posteriormente, se realizaron otras consultas, entre ellas, al Escuadrón de Vigilanel escéptico (Junio 1998) 47 cia Aérea número 21, donde no consta nada en este sentido. También, al 802 Escuadrón del Servicio Aéreo de Rescate, cuyo comandante jefe, Angel Valcárcel, me comentó: Respecto al testimonio relatado en su día por el joven que cumplía el servicio militar en la Base Aérea de Gando, no procede ningún tipo de comentario por la irracionalidad e inverosimilitud no del propio fenómeno en sí, que no se entra a valorar, sino de la forma y medios con que actuaron las unidades indicadas. Usemos la lógica. ¿Es acorde al sentido común que unos soldados de reemplazo se líen a tiros en una playa de madrugada contra unas sombras que que aparecen y desaparecen, y además durante media hora? ¿Nadie oyó los disparos? En una playa pública, fuera la de Tauro o las pequeñas calas de Taurito y Diablito, donde ya en 1991 había campings durante todo el año y donde abundan las embarcaciones deportivas; en fin, una zona densamente poblada por multitud de turistas -todo el sur y suroeste grancanario- y donde, a la voz de ¡Abran fuego!, nuestros aguerridos soldados de reemplazo - recalco - vaciaron sus cargadores en todas direcciones, exponiéndose a que hubiera algún periodista -en este caso, no ufológico- por las inmediaciones y a causar un enorme problema al Ejército. ¿Es tan estúpido nuestro Ejército del Aire? ¿Tiene todo esto algún sentido? ¿Qué nos queda? Sombras, sombras, y más sombras... RICARDO CAMPO PÉREZ ¿Cerebros implantados? Si la realidad del fenómeno ovni hubiese sido llevada ante un tribunal de justicia, hace tiempo que habría sido probada como algo absolutamente cierto. Con esta sensacional frase, que abre su artículo titulado Implantes: ¿Una sutil arma alienígena?, Salvador Freixedo nos deja bien claras dos cosas: su condición de fervoroso creyente en la ufo48 (Junio 1998) el escéptico logía, y su absoluta ignorancia de la práctica procesal.1 Y si estas dos impresiones, al basarse en la lectura de una sola frase, pueden parecer algo apresuradas, a lo largo del artículo Freixedo se reafirma en lo primero -su inquebrantable credulidad - y amplía lo segundo -demostrando que su enciclopédica ignorancia abarca la gran mayoría de las parcelas del conocimiento humano-. Freixedo parte de la base de que los extraterrestres no se conforman con hacer guarrerías con las víctimas de sus abducciones, sino que, por si eso fuera poco, se dedican a implantarles lo que el autor llama biochips, que son partículas que en la práctica van desde simples piedrecitas o trozos de metal hasta acumulaciones de grasa o pelos malformados. El origen real es indiferente: de lo que se trata es de hacerlos pasar por auténticos implantes extraterrestres. Claro; uno podría objetar, por ejemplo, que no todas las supuestas víctimas de no menos supuestas abducciones presentan esos implantes. No hay problema. El intrépido Freixedo acude a Andrija Pujarich, que, desde su autoridad de doble candidato al premio Nobel por su condición de genial inventor en el campo de la electrónica, nos informa de que existen implantes fuera del espectro visual físico y sólo pueden ser vistos por algunos humanos especialmente sensitivos. Esperemos, dicho sea de paso, que sean más sensitivos que el propio Pujarich, que se ha dejado engañar sistemáticamente por Uri Geller, el cirujano psíquico Arigo y, en general, cualquier charlatán medianamente hábil que se le ha cruzado en el camino. El caso es que, con esta afirmación, las evidencias judiciales que postulaba el propio Freixedo pasan a engrosar las filas de los fenómenos celosos,2 como las hadas y los gnomos, los íncubos y súcubos, o los pitufos y los hombrecillos verdes de la nevera.3 Fenómenos del tipo existen, pero sólo los puedo ver yo. Eso sí, la mención a Pujarich, además de añadir un nuevo elemento humorístico al artículo, sirve para colocar la fotografía de Salvador Freixedo, en una pose digna de un profeta anunciando el Apocalipsis. A su lado, Pujarich partiéndose de risa. Afortunadamente, no todos los implantes son tan etéreos y elusivos. Freixedo nos cuenta también la asombrosa historia de cómo David E. Pritchard, doctor en Física por Harvard y profesor en el MIT, utilizó los recursos de su laboratorio para investigar el implante que se había extraído a un tal Price. Después de mostrarnos las características de la maquinaria empleada, y de hacernos ver el enorme interés que para las instituciones Es una lástima que Freixedo no sepa inglés; en caso contrario, se habría dado cuenta de que reproduce un informe médico relativo a un implante que resulta ser un coágulo formado por células epidérmicas degeneradas científicas presentan estos tipos de implantes, Freixedo concluye diciendo que, ¡ay!, en el caso concreto de esta persona no se pudo llegar a ninguna conclusión acerca del implante. ¡Craso error! En realidad, no se pudo llegar a ninguna conclusión que respalde las majaderías de Freixedo; en realidad, dicho implante -ubicado en el pene del tal Price- resultó ser una acumulación de pelo, cristales de orina y esperma seco. Claro que decir esto quedaría muy feo en un artículo de estas características -no por lo del pene, obviamente-. Por cierto que es una lástima que Freixedo no sepa inglés; en caso contrario, se habría dado cuenta de que reproduce un informe médico relativo a un implante que resulta ser un coágulo formado por células epidérmicas degeneradas y producido por una lesión. Cualquiera podría pensar que con la sarta de disparates hasta ahora expuestos -y los que el lector puede imaginarse- el delirio de Freixedo había llegado a su culminación. Pues no es así. A continuación, el investigador se lanza a una desquiciante especulación acerca de la finalidad
La visita imaginaria dels ovnis
Submitted by noticias on Mar, 13/12/2011 - 11:25Jordi Galo y Albert Reverter nos envían el video de "Efecte McGuffin" correspondiente al programa piloto "La visita imaginaria dels ovnis". En tono de humor el programa hace una crítica a la ufología más hilarante. Como ellos dicen, se intenta levantar aquellas cortinas de humor paranormal con datos verídico.
La gran mentira de los platillos volantes está presentado por Jordi Galo y Albert Reverter. Ángeles y Demonios: Alberto Fernández, hoy habla de Carl Sagan. Las increíbles Aventuras de Carlos Jesús, animado por Alberto Also.
El video dura unos 40 minutos, y los diálogos están en catalán y castellano:



